¿Por qué lloras, mamá?

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El joven se incorporó lentamente. La luz que se colaba entre los árboles cegó por un instante sus claros ojos azules y una lágrima que dormía en ellos desde hacía años, humedeció su suave y cándido rostro. Llevaba tantos años durmiendo entre tumbas y ángeles de mármol que apenas recordaba ya la voz de su madre cuando lo llamaba desde la ventana para comer, o la cara de su padre cuando vio aquel coche acercarse rápidamente.

¿Cuánto tiempo habría pasado?.

Mientras caminaba por el sendero de tierra, una imagen abordó sus recuerdos. La última vez que vio a sus padres, arrodillados junto a él, con la cara ensangrentada y el rostro desencajado de dolor al ver a su hijo morir.

 – ¿Por qué lloras mamá?- le dijo entonces. Y sonrió dulcemente al pensar que esas eran las mismas palabras que tenía preparadas para su eterno reencuentro.