Mi otro amor

Cerró la habitación con exquisito cuidado. El mero hecho de imaginar a su marido viéndola cargar aquella maleta repleta de sueños y esperanzas la aterrorizaba. Hacía tiempo que esa persona extraña que dormía junto a ella todas las noches dejó de ser la persona a la que un día amó. ¡Bendito día! Había vuelto a encontrar el amor y se sentía bien por ello. Ni remordimientos, ni arrepentimientos. Estaba decidida. Lo tenían todo preparado. Habían comprado los billetes juntos, habían planificado juntos el viaje y, no menos importante, habían dormido juntos esa noche. Delante de él, en sus propias narices, y ni siquiera sospechaba que esa sería la última vez que los vería.

El niño apresó la mano de su mamá mientras salían a la calle y se dirigían al taxi. Desde la ventana, su inseparable muñeco de trapo los vio partir. Quizá algún día volverían a por él.