El tren del adiós

1602114_583641421723867_1605164964_o-1024x509
No recuerdo el tiempo que estuvimos esperándolo, solos mamá y yo, junto al andén. El humo de los trenes envolvía la estación y parecía como si la niebla de las calles del barrio de Londres que intentábamos dejar atrás quisiera despedirse de nosotros, o quizá peor, colarse en el equipaje y acompañarnos en nuestro viaje.

Yo me quedé un buen rato mirando aquellos enormes monstruos de hierro que lentamente se alejaban, y entonces tuve claro lo que no quería ser de mayor, aunque aún no había cumplido los cinco años. Mi padre había sido maquinista, pero dijeron que ya no estaba preparado para ese trabajo. Una vez escuché a mamá diciéndole a papá entre sollozos que todo era por culpa de la bebida, que debía elegir entre ella y nosotros. Eso fue justo el día antes de irnos. Él eligió la bebida, y yo elegí no ser como mi padre.