Frío

Hay inviernos que pregonan primaveras, pero existen fríos que ignoran que han de marchar como llegaron. Y aquí permanecen, recordándonos que la vida podría ser mucho más que una sucesión de días blancos y semblantes hundidos, de noches que deciden alargarse sin motivo aparente, robándonos amaneceres sin un atisbo de arrepentimiento en su penumbra.

Y aquí seguiremos, tú encerrada en ese invierno que te vio nacer, yo intentando huir de este invierno que me verá morir. No obstante, la gente clama en los ascensores que la primavera ya llegó y hasta las calles intentan darles la razón, vistiéndose con sus mejores galas, coloreando la vida a su antojo, como si el puro y gélido suelo invernal no mereciera ser cubierto por aquellas hojas que, en su desesperación, decidieron saltar al vacío para cubrir caminos y morir entre los hombres.

Quizá tengan razón. Quizá la primavera haya relegado al invierno con tanta fuerza que éste no vuelva a atreverse a aparecer en meses, y sólo entonces regrese a recoger aquello que dejó olvidado entre tú y yo, un frío tan intenso que no entiende de estaciones ni de tiempos… un frío que nos quema el alma y mantiene helados nuestros corazones.